Exploración espacial

El Telescopio James Webb descubre una «super-Tierra» abrasadora que parece Mercurio gigante

Exoplaneta rocoso
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El Telescopio James Webb estudió por primera vez la superficie de un exoplaneta y descubrió una roca oscura, caliente y sin atmósfera similar a Mercurio.

El Telescopio Espacial James Webb (JWST) ha estudiado por primera vez la superficie de un exoplaneta fuera del sistema solar y el resultado es tan fascinante como decepcionante: LHS 3844 b, una super-Tierra ubicada a 48 años luz de distancia, es una roca oscura, calcinada y sin atmósfera que se parece más a Mercurio que a cualquier mundo habitable. Spoiler alert: no hay vida ahí, ni siquiera un cactus.


El JWST mira más allá de las atmósferas y estudia la geología de un exoplaneta por primera vez

Hasta ahora, cuando los astrónomos estudiaban exoplanetas, casi siempre se enfocaban en sus atmósferas: buscaban gases, vapor de agua, señales de vida. Pero el James Webb Space Telescope acaba de dar un salto enorme: por primera vez en la historia, los científicos han analizado directamente la superficie de un planeta fuera de nuestro sistema solar. Y el veredicto es contundente.

El planeta en cuestión es LHS 3844 b, un mundo rocoso ubicado a apenas 48,5 años luz de la Tierra, lo que lo convierte en un vecino relativamente cercano en términos cósmicos. Es una super-Tierra aproximadamente un 30% más grande que nuestro planeta, que orbita a una estrella enana roja fría en menos de 11 horas. Sí, leíste bien: un «año» en ese planeta dura menos de medio día terrestre. La vida ahí sería literalmente agotadora, aunque por otras razones también sería imposible.


Una roca oscura, caliente y sin aire: bienvenidos al infierno interestelar

El equipo liderado por Sebastian Zieba (Centro de Astrofísica | Harvard & Smithsonian) y Laura Kreidberg (Directora del Instituto Max Planck de Astronomía) utilizó el instrumento MIRI (Mid-Infrared Instrument) del JWST para analizar la radiación infrarroja emitida directamente desde la superficie del planeta.

LHS 3844 b orbita tan cerca de su estrella que está bloqueado gravitacionalmente —tidally locked—, lo que significa que un lado siempre enfrenta la estrella, creando una zona diurna con temperaturas de alrededor de 1.000 Kelvin (aproximadamente 725°C). Para poner eso en perspectiva: el plomo funde a unos 327°C. El zinc, a 419°C. En el lado iluminado de LHS 3844 b, básicamente todo lo que conoces como metal se derretiría tranquilamente.

Representación 3D de un planeta rocoso en el espacio profundo
Representación 3D de un planeta rocoso en el espacio profundo

Los datos obtenidos apuntan a que la superficie del planeta está cubierta de roca oscura y densa, como basalto o material similar al manto terrestre, rico en hierro y magnesio. Esto descarta una superficie similar a la corteza terrestre, dominada por rocas más claras y ricas en sílice como el granito, que en la Tierra se forma gracias a procesos geológicos que involucran agua y tectónica de placas. Condiciones que, claramente, este planeta no tiene ni remotamente.


¿Volcanes? Tampoco. LHS 3844 b es un mundo geológicamente muerto

Una de las preguntas clave que los investigadores querían responder era si el planeta seguía siendo geológicamente activo. En la Tierra, los volcanes liberan gases como dióxido de azufre hacia la atmósfera. El dióxido de azufre (SO₂) es un gas comúnmente asociado al volcanismo. Si estuviera presente en LHS 3844 b en cantidades razonables, MIRI debería haberlo detectado. Sin embargo, no encontró nada.

Esto lleva a los científicos a favorecer el escenario de un planeta inerte, sin actividad volcánica reciente, cuya superficie podría haberse mantenido prácticamente sin cambios durante largos períodos de tiempo. Sus resultados, publicados en la revista Nature Astronomy, sugieren que LHS 3844 b es probablemente un mundo sin aire, recubierto ya sea de roca volcánica fresca o de material más antiguo oscurecido y triturado por el intemperismo espacial a lo largo del tiempo.


Los datos más relevantes sobre LHS 3844 b que debes conocer

  • Ubicado a 48,5 años luz de la Tierra, en la constelación de Indus.
  • Es una super-Tierra aproximadamente un 30% más grande que nuestro planeta.
  • Orbita su estrella enana roja en tan solo 11 horas (su «año» dura menos de medio día terrestre).
  • Está bloqueado gravitacionalmente: un lado siempre mira a la estrella, el otro siempre está en oscuridad total.
  • La temperatura media en su lado iluminado ronda los 725°C (suficiente para fundir plomo, zinc y otros metales).
  • No tiene atmósfera detectable, lo que permitió al JWST analizar directamente la radiación de su superficie.
  • Su superficie parece compuesta de basalto oscuro o material similar al manto, descartando una geología similar a la Tierra.
  • No se detectaron señales de vulcanismo activo, lo que sugiere que es un mundo geológicamente inerte.
  • Fue descubierto en 2019 y rápidamente se convirtió en objeto de intenso interés científico por su proximidad y características distintivas.
  • Este es el primer estudio directo de la superficie de un exoplaneta realizado por el JWST.

Por qué esto importa más allá del «planeta feo que encontramos»

Puede sonar decepcionante que uno de los exoplanetas más estudiados resulte ser una pelota de roca muerta y caliente. Pero la importancia científica de este hallazgo es enorme. Los científicos afirman que este tipo de interpretación directa de la geología de un planeta distante marca «el próximo paso para develar su naturaleza».

Hasta ahora, entender la composición de mundos extrasolares era casi imposible sin una atmósfera que estudiar. LHS 3844 b, precisamente porque no tiene atmósfera, ofreció una ventana directa hacia su superficie. Y el hecho de que el JWST pueda detectar esas diferencias sutiles en la emisión infrarroja abre la puerta a estudiar docenas de otros mundos rocosos en el futuro.

El equipo ya obtuvo observaciones adicionales con el JWST que deberían permitirles distinguir las condiciones superficiales explotando pequeñas diferencias en cómo las superficies sólidas y los polvos emiten o reflejan la luz, una técnica que ya se aplica con éxito para caracterizar asteroides dentro del sistema solar.


Mercurio tiene un primo lejano, y es igual de inhóspito

LHS 3844 b no va a aparecer en ninguna lista de planetas potencialmente habitables. Es oscuro, caliente, sin aire y probablemente tan aburrido geológicamente como una piedra de tu jardín (aunque bastante más grande y mucho más caliente). Pero eso no lo hace menos fascinante para la ciencia.

Mercurio
Mercurio

Este hallazgo demuestra que el James Webb Space Telescope no solo sirve para buscar señales de vida o fotografiar galaxias lejanas: también puede leer la geología de mundos a decenas de años luz de distancia. Y eso, para quienes seguimos el cosmos con la misma emoción con la que otros siguen el fútbol, es un golazo de media cancha.

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